Inés Martel Perdomo y Emma Fares Benítez fueron
compañeras en la selección alevín. Aunque hoy sus caminos deportivos
transcurren por lugares distintos —Inés en Maspalomas y Ema en Las Palmas— y
apenas tienen la oportunidad de verse, salvo en algún evento puntual como el
torneo masculino de fútbol de este fin de semana, hay amistades que no
entienden de distancias ni de tiempo.
La forma en la que se saludaron, la alegría de volver a
encontrarse y el brillo de sus ojos dejaron claro que la suya es una amistad
verdadera, de esas que no abundan. De esas que, aunque pasen semanas o meses
sin verse, hacen que todo vuelva a ser especial en cuanto coinciden de nuevo.
Dentro del campo, ambas poseen un talento
extraordinario. Inés es una jugadora que acaricia el balón y lo dirige con una
naturalidad asombrosa; su visión, creatividad y magia la convierten en una
futbolista de auténtico diez sobre diez. Emma, por su parte, es una de las
jugadoras más completas que he tenido la oportunidad de ver. Su capacidad para
adaptarse a cualquier posición y rendir siempre a un nivel sobresaliente habla
de su inteligencia, compromiso y calidad.
A pesar de su corta edad, las dos están llamadas a hacer grandes cosas en
nuestro fútbol. El futuro les pertenece y, quién sabe, quizás algún día vuelvan
a compartir vestuario, colores y sueños dentro del mismo equipo. Si ese momento
llega, el fútbol tendrá la suerte de disfrutar juntas de dos jugadoras
excepcionales y de una amistad tan auténtica como inspiradora.